NO SE JUSTIFICA EL AUMENTO

Bernardino Vázquez Mazatzi.

Escritor y Periodista.

Nos fuimos a los festejos de año nuevo con un aumento injustificado al precio del pasaje. Cierto, fue solo de cincuenta centavos, poco para usuarios y permisionarios, pero aumento al fin que viene a sumarse a incrementos en otros rubros como el gas doméstico, la energía eléctrica, los productos de la canasta básica y hasta de los antojitos.

Pero este aumento es injustificable para aquellas líneas del transporte público cuyo servicio va de malo a pésimo. Y de esas hay muchas en toda la geografía tlaxcalteca. Aunque, claro, dentro de lo malo hay de pésimo a extremadamente pésimo; ahí pues ni cómo justificar un aumento en el pasaje y ni cómo ayudar a las empresas o los choferes.

Tienen bien ganado el aumento aquellas rutas cuyos operadores son educados, aseados, acomedidos, pacientes, que saben decir gracias, perdón y buenos días. En serio: sí hay de esos. Y esos son el orgullo del gremio; son pocos, sí, pero si existen. Son aquellos que no van acompañados de sujetos igual de sucios y que poseen el peor de los lenguajes y expresiones, son aquellos que no llevan el sonido a todo volumen, los que esperan que el pasajero suba o baje, que no hacen parada en cada esquina aunque no haya ni perros, son los que no van fumando ni hablan por teléfono puras vulgaridades, ni los que tienen sus unidades como un muladar.

Aunque usted no lo crea y hasta le parezca una graciosa broma, pero en la empresa ATAH, USU y vaya, hasta en los Fecha Azul, hay conductores respetuosos. Sí, está bien, es muy difícil de creerlo, pero le juro, amable lector, que aunque uno que otro, sí hay. Me consta. Tengo el miedo y la pena de viajar a Apizaco y a Puebla y es toda una terrorífica experiencia y una aventura extrema un viaje del que se sale vivo y entero, de puro milagro.

Es que de verdad da gusto encontrarse con un chofer que no escuche a todo volumen regetón, o banda o duranguense pues me ha tocado presenciar el milagro de escuchar música clásica en una combi o en un microbús. Imagínese: Beethoven, Mozart, Vivaldi, Bach, Chopin, Wagner, en el servicio público. Dan ganas de llorar de emoción. Se le antoja a uno darle un beso en la frente al operador y hasta de darle la bendición. Y para colmar ese mar de emociones los hay que dicen buenos días, suba o baje con cuidado, que tenga bonita tarde, disculpe, estoy a sus órdenes o que le vaya bien…

Pero la realidad es triste en la mayoría de los casos. Basta con subirse a una Taxi Tlax, a una Elite, a las USU, a la mayoría de las ATAH y, en el peor de los casos y cuando dios te ha desamparado, a una de las muchas líneas que cubren la ruta Contla Tlaxcala y su paso por Chiautempan. Estas últimas simplemente son la síntesis del mal servicio, la descortesía en toda su magnitud, la falta de aseo de su personal, el mal estado de sus unidades, la ausencia de educación y respeto y un elevado nivel de vulgaridad en su comunicación.

Si tuviéramos que dar un trofeo al peor servicio se lo daríamos a las llamadas contlas, rojas o azules, cafés o moradas, verdes o guacamayas, de ida o de regreso… ni a cual irle. Incluso la gente de ese municipio se pregunta cómo es que siguen soportando esa grasería llamada servicio público de pasajeros; pero se consuelan diciendo que no hay de otra y que en algunos lugares la cosa es peor. Bueno…

Así es que la autoridad del transporte en el estado de Tlaxcala se puso la mano en el corazón y autorizó el aumento de un tostón al pasaje aunque en algunos casos es injustificable. Los concesionarios dicen que es insuficiente, que quieren que la parada mínima sea de ocho pesos; puede ser para las empresas que lo merezcan pero no para las que hacen padecer al usuario.