¿Y LA AUTOCRÍTICA?

 

Bernardino Vazquez Mazatzi.

Escritor y Periodista.

A unos días de concluya el año y de que rindan su primer informe de gobierno municipal los sesenta alcaldes de Tlaxcala, el pronóstico se cumple en cuanto a que no han cumplido las expectativas que generaron en campaña y más de un edil hubiera preferido mil veces mejor no haber dado la cara en una ceremonia alusiva a exponerse a una mediocre rendición de cuentas y al ridículo público al demostrar que, algunos, ni siquiera saben leer.

En este primer año de su larguísimo periodo administrativo, la inmensa mayoría de los presidentes municipales tuvieron muy poco qué informar simplemente porque muy poco hicieron. Algunos por ineptitud e incompetencia, otros por falta de oficio y experiencia y voluntad y muchos por encontrarse confrontados por su pueblo, pero el caso es que salvo muy contadas y honrosas excepciones, los alcaldes dieron mucho mal de qué hablar.

A falta de resultados, de cifras en inversión, de obras terminadas o en proceso, de proyectos viables y tangibles, prefirieron detallar hasta el cansancio el número de veces que entraron y salieron del palacio municipal, a cuántas personas saludaron de lejos y de mano, dieron a conocer cómo es que siguen pensando que van a sacar adelante a su municipio y hasta se dieron el lujo de posicionar a alguien para futuras elecciones, pero de avances, de logros, de presupuestos ejercidos y de cumplimiento de la palabra empeñada, poco, o realmente nada.

El común denominador en todos los informes fue, como siempre, la ausencia de autocrítica, la falta de reconocimiento a los yerros, la aceptación de pocos o nulos resultados, la congruencia entre lo que se ve y lo que dicen que han hecho. El informe fue la oportunidad para reiterar que la falta de evidencias positivas se debe a la forma en que recibieron la administración y para culpar a todos de todo. En ningún informe se ha escuchado un “disculpen, ciudadanos, si es que no hemos sido capaces de cumplir la palabra”

Ningún presidente en su juicio podrá aceptar que la falta de resultados a favor del pueblo se debe a que privilegió el cumplimiento de los acuerdos y los compromisos políticos por encima del bienestar social al momento de nombrar su equipo de trabajo. No habría de reconocer que su administración está llena de recomendados del o los partidos que lo encumbraron, que tuvo que instalar a sus parientes y hasta que debió aceptar la presión de grupos y organizaciones colocando en puntos clave a gente sin perfil ni compromiso.

Este primer informe de gobierno tuvo también el objetivo de medir el nivel de aceptación o rechazo por parte del pueblo. Por aquello de que se guarda esa esperanza y posibilidad de buscar otro hueso antes de concluir esta responsabilidad. La verdad duele. Les dolió mucho ver el nivel de animadversión hacia su persona y su gestión; ni modo. Por esta vez no se puede.

Este acontecimiento también fue utilizado para que los políticos aspirantes y suspirantes se placearan, se dieran baños de pueblo, se dejaran ver, midieran sus fuerzas, demostraran quién saluda a más personas y hasta quien sonríe mejor. Hay quienes antes, durante y después del informe sacaron sus conclusiones y hasta se dan el lujo de predecir quién será ungido candidato a diputado federal, quién a senador y quién a diputado local. Dicen que no van a fallar en sus pronósticos.

Y tal vez por eso los invitados especiales tuvieron que aguantar todo el rollo mareador del presidente que de informe nada o poco tuvo. Porque pareció que esta ceremonia fue más un encargo de quienes se quisieron exhibir que un acto protocolario para rendir un informe del estado en que se encuentra el municipio.

Total que pocos datos, muy poco de qué presumir, absolutamente ninguna forma de auto crítica pero eso sí, muchas cuentas alegres y hasta acarreados, como en los viejos tiempos, como siempre; en fin, el pueblo paga y siempre se cree lo que escucha…